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El edificio más antiguo de EEUU es de Segovia

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Monasterio Español de Sacramenia (Miami)
Monasterio Español de Sacramenia (Miami). Por Rolf Müller

Hay un lugar en Segovia donde falta un claustro del siglo XII, aunque no se ha perdido. De hecho, se sabe bien dónde está y cómo llegó allí. Se llevó a Estados Unidos hace casi un siglo y, tras algún problema y varias décadas almacenado en cajas, el claustro acabó siendo reconstruido y convirtiéndose, en cierta forma, en el edificio más antiguo de EEUU. Y no es un caso único de viaje transatlántico de nuestro patrimonio, porque una antigua reja de la catedral de Valladolid recibe hoy millones de visitas al año, pero en un museo de Nueva York. El comprador de ambas cosas, y de muchas más, fue la misma persona.

Hacerse a la idea de lo que puede sentir un estadounidense al pasear por algunos de los lugares europeos es complicado. Nosotros vivimos cerca de ciudades y pueblos en los que el hombre ha dejado su rastro a lo largo de los siglos. Restos romanos y pueblos medievales, sin ir más lejos. Pero ellos no tienen ese patrimonio tan cerca, por eso no es extraña la fascinación de algunos norteamericanos por esa historia y por hacerla suya.

El hombre que gastó parte de su fortuna en arte europeo

reja de la catedral de Valladolid
Reja de la catedral de Valladolid. Por Enrique Asensio

Lo más sorprendente son los casos en los que los estadounidenses se han llevado al otro lado de Atlántico restos de edificios, puertas históricas e incluso construcciones enteras. Por ejemplo, William Randolph Hearst, que fue un periodista, inversor, político y empresario del mundo de los medios de comunicación, puso todo su empeño en acumular arte europeo, en muchas de sus formas. También construcciones, o gran parte de estas. Hablamos de claustros completos, retablos, partes de monasterios…

Hearst, que sirvió de inspiración para el Ciudadano Kane de Orson Welles, contrató gente que recorriera Europa adquiriendo obras para él y gastando su dinero. Como una enorme boca de ballena, los compradores de Hearst no discriminaban demasiado en sus intereses y disponían de una buena suma para gastar.

En 1929 compraron al arzobispado de Valladolid la reja de la catedral, que para los americanos era una maravilla y para los religiosos españoles se había convertido casi en un problema. Era una reja enorme, de las que estamos acostumbrados a ver en las catedrales, de 12 metros de alto por 15 de ancho. Un buen trabajo del herrero Rafael Amezúa, hecho en 1763, pero a pesar de ello la reja estaba apartada y poco cuidada. Por 500 pesetas pasó a manos de Hearst, casi comprada al peso, y se embarcó hacia Estados Unidos.

El crack del 29 hizo que la reja de la catedral acabara en un almacén hasta que en 1956 la Fundación Hearst se la regaló al Museo Metropolitan de Nueva York. El museo negoció con España poco después y estuvo a punto de devolverla como parte de un canje en el que, a cambio de la reja y algunas obras de arte más, el Metropolitan pedía el ábside de la iglesia de San Martín de Fuentidueña. Al final no hubo trato y la reja de la catedral de Valladolid se quedó en América. Y allí sigue, en ese museo neoyorkino que recibe a 7 millones de personas cada año.

El claustro completo de Segovia que terminó en América

monasterio de San Bernardo de Claraval, en Miami
monasterio de San Bernardo de Claraval, en Miami. Por Wirestock Creators

Pero no piensen que esta historia de la reja es la más sorprendente entre las que relacionan a Hearst con el patrimonio español. En 1925 se había encaprichado de un pedazo del pueblo segoviano de Sacramenia. Por cierto, esta pequeña localidad está a menos de 7 kilómetros de Fuentidueña, aquella de la que el Metropolitan trató de conseguir el ábside de la iglesia a cambio de la reja y otras obras.

Hearst, o su gente en España, habían quedado prendados del monasterio cisterciense de Sacramenia y abrió la chequera para llevarse un buen pedazo de él, nada menos que el claustro completo y la sala capitular. No se valoraba entonces ese patrimonio como se debiera y, por 40.000 dólares de 1925, el americano hizo suya aquella maravilla.

Además del dinero de la compra, aquella transacción dejó en el pueblo una buena cantidad de trabajo. Había que desmontar todo piedra a piedra, marcar cada una convenientemente y empaquetarlas en cajas con un orden concreto, envueltas en heno. Se tenía que hacer así para poder volver a montar todo exactamente igual que estaba en Segovia, pero después de transportarlo hasta Estados Unidos. Un viaje que comenzaba en carro, pasaba por el tren y luego llegaba al barco. Casi 36.000 piedras, una a una. Eran otros tiempos y el buen salario que pagaba Hearst por esos trabajos eran bienvenidos en la zona, aunque fuera por entregar un claustro histórico.

Sacramenia
Iglesia del monasterio de Santa María la Real en España, del que proceden las estancias ubicadas en Miami. Por AnTeMi

Las cajas con las piedras llegaron a Miami, donde un problema con el heno, que portaba alguna enfermedad, al parecer, hizo que hubiera que sacarlas de las cajas y quemar ese heno. Aquello rompió el orden y la organización del almacenamiento, lo que complicaría más tarde replicar la construcción segoviana. Pero ese problema sería ya de otras personas, porque, como la reja de Valladolid, el claustro segoviano fue a parar a un almacén en Nueva York. Quizás el mismo almacén en el que estuvo la reja varias décadas.

Tanto la reja vallisoletana como el claustro segoviano son hoy atracciones en Estados Unidos

Jardines del claustro
Jardines del claustro. Por Rolf Müller

Siguiendo esas vidas paralelas entre la reja y el claustro, en 1953 unos empresarios compraron por fin las piedras del claustro para reconstruirlo en Miami, a modo de atracción turística. Así lo hicieron, pero los años y aquel pequeño desastre con el heno provocaron que el claustro no fuera una reconstrucción perfecta de la versión inicial en Sacramenia, en Segovia, sino que se cometieran algunos fallos; aunque podríamos decir que sin mucha relevancia para los propósitos de sus nuevos propietarios.

En cualquier caso, el monasterio de San Bernardo de Claraval, en Miami, es hoy una atracción turística y un lugar donde uno puede celebrar su boda. Y no sólo estamos hablando de la parte religiosa. Es lógico que sea una atracción, porque es complicado encontrar en Miami otro edificio con tanta historia y con una historia como la que acabamos de ver.

Y así es como, de alguna forma, el edificio más antiguo de EEUU es un claustro segoviano, reconstruido, todo sea dicho. La historia de cómo esas piedras del siglo XII llegaron a Miami es toda una aventura.

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